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Para la mayoría el centro político es el nuevo extremismo. Contrario a la creencia, se trata de moverse a ambos lados del espectro. Jesus y Fernando tratan de descifrar si el centro es un lugar político, una posición que oscila según la circunstancia o una actitud ciudadana ante la realidad del poder.

El Centro Desequilibrante

Artículo de opinión de Fernando Nunez-Noda

1. Cuando en EE. UU. (y otros países) haya más votos nulos que de cada candidato presidencial por separado, entonces podrá hacerse viable el ascenso del primer partido auténticamente centrista, del cual pienso ser orgulloso promotor.

Mientras tanto, la tarea es construir un poderoso movimiento que se enfrente al todopoderoso monopolio de los zurdos y los diestros políticos.
La tensión derecha-izquierda (D-I) ha regido la política de las democracias y repúblicas prácticamente desde la Revolución Francesa en 1789. Por su parte, la caída del bloque soviético (algo positivo) produjo un reacomodo en el que muchos países se disfrazaron de democráticos, sin serlo.
(Ejemplo: Rusia misma, algunas repúblicas islámicas y mucha de la esfera de influencia del Foro de Sao Paulo.)

2. Por otro lado, la polarización D-I está rasgando la tela institucional de muchos países. Para ser de uno u otro polo, hay que comprar el paquete completo. Mucha gente se está cansando de la radicalización política y de la imposibilidad de usar recursos de la esquina contraria.

El más exitoso esfuerzo centrista en EE. UU. fue la candidatura de Ross Perot en 1992, quien logró 19% del voto popular. Nada mal. En Venezuela, previsiblemente, todas las candidaturas de centro o desafiliadas rodaron por una calle sin salida. Quizá Renny Ottolina hubiera dado una sorpresa.

Pero ahora se plantean retos mayores. La polarización está haciendo uso de los extremos para mostrar los dientes: Ku Klux Klan vs Black Panthers (para ponerlo en dimensión figurativa) y los políticos, incapaces de liderar en la calle, se adhieren a los movimientos más populares y extremistas si es necesario.

3. El centrismo sería la derrota del radicalismo, del saboteo sinoruso, de antifa, del nativismo, globalismo, supremacismo, ALT-right y todo ese rebulicio de lado y lado. Pero, ojo, estamos lejos, hay que empezar.

¿Qué ventajas tiene una plataforma de centro? Enumeraré algunas y me retiraré lentamente:

  • Posibilidad de mover acciones moderadas sin pasar vergüenza, ni ser llamados «débiles». ¡Ésa sería su fortaleza!
  • Capacidad o posibilidad de moverse hacia la izquierda o la derecha, no para complacer electores, sino para configurar mejor sus decisiones.
  • Posibilidad de conquistar a millones de votantes que no quieren comprar el paquete completo de uno u otro extremismo.
  • Rol de «brokers» entre ambos extremos, una especie de franja flexible que se haría indispensable y garante de la estabilidad.
  • Desideologización de «toavaina», es decir, de los planes, las decisiones, los programas, las ideas, la forma de saludar, las consignas, lo que se canta y baila en las marchas, etc. Sería un baño de agua fresca para las nuevas generaciones.
  • Traslado del centrismo a organizaciones tremendamente podridas por la polarización, como la ONU, la OMS, la UNESCO y otras que han olvidado parcialmente «su misión» y la han sustituido por «sumisión» a partidos e ideologías.

4. Quizá haya que esperar al menos una generación (o dos). Haré el esfuerzo por recolectar información y agregarle aportes que tengo al respecto. La idea es provocativa precisamente porque la mayoría me dirá que es imposible. Pero eran imposibles la llegada del humano a la Luna, la caída de la URSS o la quiebra de un país como Venezuela y fíjense.

La tarea es, pues, armar el expediente, buscar aliados y entusiasmar a las nuevas generaciones. Es correr en subida, pero lo vislumbro y dejo este post como evidencia de que lo dije.

Tocar no es entrar pero, si entramos, lo haremos por el centro.

 

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Imagen: FNN.