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Siempre se ha pensado que un signo de madurez en la infancia o adolescencia, es entender que nuestros padres son falibles e imperfectos. Uno poco a poco empezó a ver la autoridad y la adultez como cosas a las que nos estábamos integrando, queriéndolo o no. Y muchos se impresionan cuando ven en perspectiva que estaban en manos de personas afectuosas pero inexpertas. Y uno repite el patrón y aprecia después cuán amorosos y audaces fueron quienes nos criaron, y qué tolerantes y confiados son quienes criamos.

Pero algo muy distinto siente uno con los gobiernos, porque se supone que están rodando sobre carreteras centenarias, que tienen tradiciones, compromisos y mandatos… y toda una estructura para dar las mejores respuestas. La palabra «estructura» supone andamiajes, bases sólidas y procesos comprobados. Pero…

El coronavirus, ha puesto las cosas en otra perspectiva, ha tumbado mitos, desnudado ineficiencias y demolido reputaciones. Se entiende que a principios de año, cuando la OMS (primera en revelar su politización) decretó el virus cual potencial pandemia, muchos países cometieron errores como demorarse en reaccionar o titubear con las medidas. Se entiende.

Pero la ejecución de algunos, meses después, cuando se supone que ya debería ser más organizada ha dejado preocupado  más de uno. En algunos casos, compromete posibilidades de reelección o continuidad. ¿Quiénes son estos mandatarios y qué han hecho, o dejado de hacer?

 

Imagen: Composición de FNN con insumos de Pixabay.